Territorios de la memoria – MAM

Territorios de la memoria – MAM

  • Posted by Natalie
  • On julio 10, 2020

Frente a las fragmentaciones del campo social, a la dislocación entre nuevos clanes, tribus y grupos sociales en los que las relaciones económicas, culturales y profesionales ya no funcionan como factores de unidad durable, nuestras redes tradicionales de compresión se han vuelto notoriamente insuficientes. (…) Resultaba urgente, por lo tanto, una “nueva apuesta“ teórica (…) una manera de aproximarse a lo real en su más fluida complejidad, de trazar una topografía del azar y lo incierto, de seguir las líneas de fusión y efervescencia de lo social, y de percibir el rumor amortiguado de las redistribuciones de la vida colectiva.

Michel Maffesoli

La misma tierra, de donde todo nace, es femenina
en su inmensa fecundidad inalcanzable.

María Zambrano

Los artistas que brotan del conjunto social son sintomáticos de cómo una sociedad se piensa y se comporta. A lo largo de los siglos se han erigido pilares de saber que han tenido la tarea de pensar al hombre a través de su comportamiento, que han ido de la mano con las instituciones sociales. Las expresiones artísticas han sido correlato del devenir del hombre; han sido proyección de los sustratos del imaginario simbólico que sostiene y modifica al hombre mismo. La Historia del Arte se construye como la rama encargada de leer las expresiones artísticas en función a su comprensión.

Asumir el cambio es asumir la gestación de nuevos discursos, de nuevos medios de aproximación al arte, a la estética; a la interpretación de valores y a las formas de relacionarse con otras características y modos de pensar. Si partimos de esta idea y del supuesto de que los parámetros que se habían establecido por la Historia del Arte, se están tambaleando, podemos llegar a generar un pensamiento que se diversifique, dando entrada a otros estatutos. Es en los fenómenos sociales en donde las prácticas artísticas tienen lugar. El arte es un campo fértil de análisis de las integrantes de la socialidad: en la medida en que su comportamiento indica la caducidad de las grandes certidumbres y valores a partir de los cuales el comportamiento y las mecánicas de relación social se han marcado.

Probablemente, la respuesta para tener un mundo mejor esté en lo femenino y no porque las mujeres lo merezcan por el arrastre de la historia de la lucha géneros, sino porque es lo femenino la madre de la Tierra. No se trata de adjudicar la devastación del planeta y de los seres humanos a un género, somos todos los que instintivamente destruimos el espacio que habitamos cuando buscamos crear condiciones de comodidad. Aunque demos cuenta, lo intempestivo del transcurrir de nuestro tiempo en vida promueve olvidar la importancia de las condiciones externas como el planeta y las mecánicas de la convivencia de la sociedad misma. Este olvido, ha llevado a que la devastación irradie de tal manera, que ese bien-estar buscado, se corrompa.

En lo femenino está el origen: el vientre de gestación de todo lo que somos radica en lo femenino, la madre naturaleza. Como apunta María Zambrano, la mujer, como madre siempre está al comienzo de la vida individual “(…) en los momentos en que las entrañas de la historia se conmuevan al dar nacimiento entre angustias y sangre a un mundo nuevo, la mujer se eleva socialmente a esta suprema categoría de madre: madre de un pueblo, de una época, como es madre a diario de un hombre.”  Por más que el origen corroe la concepción del tiempo, el origen de la vida está sucediendo todo el tiempo, constantemente, en el olvido de ello, mora un dejo de desprecio a la madre, al lugar que habitamos y al entorno en el que nos desarrollamos.

Pareciera que la memoria es nula, que no tiene tiempo, de ahí que hemos buscando con documentos forjar el archivo de la historia de la humanidad. No es coincidencia, se olvida. Ponderar los grandes logros y descubrimientos de la humanidad no ha sido la respuesta para dar cuenta de la importancia del cuidado del presente. En la incesante construcción de nosotros a través de la formación del discurso de lo que ya pasó, llámese Historia, no está en la memoria que la historia es la idea del pasado de un tiempo que ya pasó y que tendemos a descuidar. Pensar en el futuro ha sido una tendencia a pensar en lo imposible, como si superamos que ese ideal siempre sería una utopía. Así, el devenir de nuestra existencia tiende día a día a la catástrofe de nuestra existencia. La proliferación de los seres humanos cae en la devastación cuando son sólo unos cuantos, esos que gozan de la comodidad buscada. El presenteísmo ha olvidado que en la aceptación de la madre, del lugar de origen, está el camino para que los ideales se conviertan en realidades. Hay una naturaleza, instintiva, en el planeta Tierra que permea los seres vivos de cuidado, de sobrevivencia que está en lo femenino. Desde un contexto natural, la mecánica de eso femenino, como aquello capaz de proveer vida, está condicionada a cuidar, a vivir. Y aún, siendo los seres humanos producto de ello, hemos sido capaces de devastar. La conciencia de un estado febril en el que la vulnerabiibdad afecta todos los estratos sociales seguimos olvidando y buscando comodidades efímeras. Como si buscáramos escapar de la realidad de nuestra existencia. Probablemente, no entenderla es motivo para no pensarla. Por eso, cuando están ahí presentes, estos objetos de arte atiborrados de ideas capaces de provocar una toma de conciencia y más allá, que proveer una plataforma de herramientas, vale la pena rescatarlos. Cuando se han otorgado las posibilidades de generar pensamiento, tal como lo decía Michel Foucault, es cuando habrá que aprovechar para hacerlo.

No es coincidencia que las obras de Manuela Generali, Patricia Lagarde, Laura Anderson, Aneta Grzeszykowska, Marisa Raygosa se presenten la final de la exposición Territorios de la memoria. No es coincidencia que la muestra esté pensada para que en ese final, esté el inicio de una nueva Historia y ello, radica en obra realizada por mujeres y que además, todas ellas convergen en la idea de gestar. En la gestación está la esperanza, la ilusión de lo nuevo. Y eso nuevo, eso que todavía no existe es la presentación de oportunidades factibles sobre un devenir que cambie la mecánica que nos caracterizado. Que sepa apaciguar la violencia, encontrar en el balance la capacidad de reconstruirse una y otra vez en un afán interminable de estar aquí. De habitar ergo de vivir. La finalidad no deberá entonces depositar la esperanza en eso que nace, sino en el trayecto en un “barco” en un “dirigible” -en lo que sea necesario- para que esa reconstrucción sea constante. Y esa permanencia es lo que dará lugar a que el trayecto, se convierta en el devenir de nuestra existencia. Un equilibrio entre géneros, un lugar otorgado al cuidado de la existencia es quizá una de las respuestas hacia el camino de un bien estar alejado de toda utopia. Regresar a ponderar el instinto natural de la existencia, aunada a la conciencia del espacio habitado, encontraría, en todos los casos, una variable o muchas.

Habría entonces que despojar criterios de marginalización, integrar la heterogeneidad que caracteriza a la humanidad, ampliar los juicios de valor, buscar nuevas mecánicas de integración, encontrar otros esquemas de espiritualidad, mejorar las dinámicas de la sociedad. Crear un discurso heterogéneo, no lineal, que provee elementos discursivos útiles para hacer una lectura desde una perspectiva transversal, desde un pensamiento complejo en el sentido en que se integren las diferentes formas de pensar y actuar. Y ahí, la relevancia de tomar en cuenta el campo de la creatividad en la que mora el que-hacer artístico, la poesía, la literatura, la música. La participación voluntaria resulta en una experiencia que inicia con el proceso de reclutamiento de la relaciones sociales; de ahí, el vínculo social otorgado desde otros fundamentos. Pensar desde un pensamiento complejo, pone en marcha un pensamiento capaz de tratar, dialogar y, negociar con lo real ello implica pensar desde lo femenino. De ahí que se hable de artistas sintomáticos de las sociedades actuales, como lo que se presentan en esta exposición, a las que la filosofía contemporánea se refiere cuando surge un comportamiento disímil, en el cual los rasgos de conductas que dan cabida a lo sensible, a lo femenino, la creatividad, en un mundo de heterogeneidades en el que es imposible determinar un pensamiento completo. Por lo tanto, hay que partir desde el principio de reconocimiento de la correspondencia constante entre lo causado y lo causante. Ello podrá poner en marcha un devenir que difiera a lo que hemos construido para encontrar formas dóciles e integrarles en tanto a las relaciones sociales y a la manera en la que percibimos y habitamos el planeta Tierra.

En este sentido, estamos frente a un grupo de artistas con la destreza de percibir la heterogeneidad y la complejidad del tejido social y humano. El despojo de fronteras, el acortamiento de distancias, la rapidez y la saturación de hoy requieren situar el contexto y ello dará cabida a apelar por lo femenino en un afán de abordar las diferentes problemáticas sociales que se acompañen desde otro lugar para propiciar un cambio paradigmático. Habrá que integrar elementos que pertenecen al campo de lo sensible, tales como el cuerpo. Lo sensible en tanto lo que radica en el mundo matérico; todo aquello tangible que va desde el campo de las pasiones, de lo emocional, del mundo, de las imágenes, de las apariencias, de la naturaleza, de todo lo externo que es perceptible por los sentidos. La sensibilidad remite al cuerpo; es el cuerpo el que al posicionarse como tal a partir de lo experiencial se relaciona con el mundo para encontrar la reconciliación entre lo pragmático y lo afectivo. Pensar lo femenino, en ponderarlo está la relación con pensar en el cuerpo desde un replanteamiento de lo que es el ser humano y de ahí conjugar una noción de pensamiento que propicie la importancia de la vida en su entorno social y real. Hay que contemplar el mundo, en el sentido de verlo, percibirlo, apreciarlo, cuidarlo. Ese puede ser el camino para encontrar las urgentes formas de integración social para desembocar un estado de bien estar. Un estado que sepa apaciguar la violencia sin ejercer el poder, de otorgar el conocimiento desde la educación y no controlar desde el conocimiento, que sepa entender la igualdad de genero desde la integración y no desde la diferenciación, acoger al ser como el nómada que siempre ha sido para incorporar lo disímil y semejante. Necesitamos generar un modo de pensamiento hábil de comprender los procesos de interacción entre todos los entrecruzamientos que suceden en las sociedades contemporáneas. Resulta imperativo rehacer los mapas de lo imponderable. Es ya insostenible apelar por los viejos remedios caseros que nos han acompañado como paliativos para males de otros tiempos.

Junio, 2019.

Natalie Gama Pourdanay

Este texto fue escrito para la exposición Territorios de la Memoria

inaugurada en el MAM en junio 2019 y no fue publicado.

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